MI EXPERIENCIA EN LA VISITA AL ORFANATO DE EL CAIRO

Dr. Álvaro Guallar Abadia

Gamal  nos  contó que entre las muchas cosas que hace en El Cairo una de ellas es participar en un programa que tienen de acogida de niños huérfanos o abandonados en las afueras de El Cairo. En estos orfanatos las edades oscilan entre recién nacidos hasta tres años, en éste estaban, en este momento 73 niños, después pasan a otro que va hasta los 7 años y por último tienen otro que va hasta los 14 donde los niños o bien ya se les busca un trabajo o se les da estudios en dependiendo de sus posibilidades.

Nos estuvo hablando durante un buen rato de lo contento que estaba por participar en esta tarea y lo que le gustaba, tanto  se  alargó la charla que se le ocurrió que nosotros mismos lo viéramos con nuestros propios ojos y como le habíamos comentado que queríamos ofrecerles un donativo para ellos, fuéramos nosotros mismos a dárselo y, de paso, veríamos toda la labor que se estaba realizando.

La verdad es que fue una de las experiencias más bonitas vividas  en El Cairo. Gamal nos acompañó en una furgoneta que el mismo alquiló y fuimos adentrándonos por todo un recorrido de calles y callejuelas  en las cuales lo único que se veía era pobreza, abandono, miseria  y suciedad. Llegamos a lo que se suponía era el orfanato. Yo estaba un poco preocupado por el posible espectáculo que nos podíamos encontrar debido a lo que habíamos visto en las calles.

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Cuál fue nuestra sorpresa que, traspasada la puerta que conducía a él todo era diferente, era como otro mundo, como si no fuera El Cairo. Todo estaba limpio, todo filtraba luz, las paredes estaban decoradas con muñecos, con cortinas de colores, las camitas con sus doseles, los niños que se suponían eran abandonados estaban felices, cuidados por personas que les dedicaban todo su amor y toda su alegría, la mayoría eran chicas muy jóvenes que ellas mismas habían sido abandonadas y ahora eran las que cuidaban de estos niños. Las caritas de estos niños con unos ojos grandes que iluminaban su cara lo decían todo.

Era una maravilla ver a Gamal entre esos niños, cogiéndoles, acariciándoles, como un padre lo hace con sus hijos, pasando uno por uno sus manos y dándoles apoyo y amor. Fue un momento que nunca podré olvidar.

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Me di cuenta de que cuando las personas quieren y ponen su empeño son capaces de conseguirlo todo y el haber conseguido ese espacio y ese futuro para esos niños era una cosa que sólo se puede llegar a hacer con mucho amor y muchísima dedicación y más en un medio tan inhóspito como es esa ciudad de 24 millones de habitantes donde la lucha por la supervivencia es diaria.

Cuando salí de ese lugar pensaba que paseando por las calles que fuimos y viendo lo que vimos casi era un privilegio el poder estar dentro de ese orfanato porque, posiblemente, esos niños tendrán más posibilidad que muchos a los cuales sus propios padres no les podrán dar lo mismo.

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